EE.UU. y Taiwán firman acuerdo comercial: aranceles y crecimiento

Publicado el feb 13, 2026.

Engranajes entrelazados que simbolizan los acuerdos comerciales.

La reciente firma de un acuerdo comercial entre Estados Unidos y Taiwán marca un hito significativo en las relaciones económicas entre ambas naciones, abriendo la puerta a la reducción de aranceles y al incremento de las compras de bienes estadounidenses. Con una disminución de los aranceles al 15% y el compromiso de Taiwán de eliminar casi todas las barreras arancelarias, este pacto podría reajustar los flujos comerciales en una región donde la competencia por las cadenas de suministro es cada vez más intensa. Este desarrollo es crucial no solo por su potencial impacto en el crecimiento económico, sino también por sus implicaciones geopolíticas en un contexto donde China observa con recelo cualquier acercamiento entre la isla y Estados Unidos.

El acuerdo estipula que Taiwán adquirirá bienes estadounidenses por más de 84 mil millones de dólares entre 2025 y 2029, un movimiento que no solo podría revitalizar la economía estadounidense, en especial en sectores como la energía y la industria pesada, sino que también tiene la intención de cimentar a Taiwán como un aliado estratégico en medio de las tensiones entre Estados Unidos y China. Considerando la reducción de barreras no arancelarias y el compromiso taiwanés de fortalecer la cooperación en inversiones, este pacto ofrece una oportunidad única para diversificar la dependencia de ambos países hacia mercados menos volátiles. Sin embargo, es relevante considerar que Taiwán y Estados Unidos todavía tienen visiones divergentes sobre sus respectivas cadenas de suministro de semiconductores, un sector vital donde Taiwán se destaca a nivel mundial. La propuesta estadounidense de trasladar el 40% de esta cadena de suministro a territorio estadounidense no solo se enfrenta a la resistencia taiwanesa, sino que también puede resultar en una reestructuración dañina para el ecosistema industrial taiwanés que ha tomado décadas en consolidarse.

Este acuerdo resuena con precedentes históricos, donde la búsqueda de autosuficiencia en tecnología puede parecer similar a las tensiones que llevaron al colapso de la burbuja dot-com: la excesiva expectativa de que la deslocalización de producción resolvería rápidamente problemas complejos. A medida que ambos países avanzan, se debe cuestionar hasta qué punto esta redistribución de las cadenas de suministro afectará a los márgenes EBITDA, especialmente con la creciente presión inflacionaria y los desafíos en el IPC que enfrentan tanto a Estados Unidos como a Taiwán. Si los legisladores no consideran estos matices, podrían provocar consecuencias no intencionadas que comprometan el éxito del acuerdo.

A largo plazo, este acuerdo refleja tanto riesgos como oportunidades. Para los inversores, la posibilidad de un acceso directo al mercado taiwanés y la integración de sus cadenas productivas podrían ser prometedoras. Sin embargo, el enfoque agresivo de EE. UU. sobre los aranceles y las barreras podría provocar una reacción adversa tanto por parte de Taiwán como de otros aliados en Asia. La pregunta es: ¿podría este enfoque finalmente dar paso a un desgastante conflicto comercial al estilo de las tensiones de 2018-2020? Las diversas dimensiones geopolíticas, junto con las realidades económicas locales e internacionales, hacen que el éxito de este acuerdo dependa de un equilibrio delicado entre ambición estratégica y pragmatismo económico. En un entorno donde los drásticos cambios en las políticas comerciales pueden transformar rápidamente el paisaje económico, será vital para los inversores institucionales monitorear la evolución de estas relaciones y los ajustes estratégicos necesarios para navegar en un futuro incierto.

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